El tapizado capitoné, de la decoración clásica para todos
Cientos de años atrás, el nivel y tipo de decoración de una casa era el escenario de las señales más claras acerca de la clase social inherente a la familia habitante. La cantidad de detalles en oro, la cantidad de cojines sobre camas y sillones, el ancho de la moldura de escayola.
A pesar de que en ese momento estos detalles podían “avisar” de una casa de clase alta, al día de hoy es lo que probablemente nos encontremos en una casa relativamente joven de los suburbios de clase media.
Siguiendo con las épocas antiguas, uno de los elementos que debía tener toda casa “top”, era el famoso tapizado tipo capitoné. Apareció en las casas con aquel conocido sofá “Chester” y recorrió las decoraciones más exclusivas.
Hoy, esta técnica es considerada tan distintiva como cualquier otra, cuya única característica distintiva es la necesidad de un artesano que conozca sus métodos, debido a que son los llamados “métodos recuperados” o “redescubiertos” y la tapicería joven se encuentra aún muy verde sobre ellos.
La belleza estética de estos tapizados reside en la capacidad de resaltar un mueble o elemento que antes era ignorado y transformarlo en algo especial. Tal es así, que inclusive diseñadores de indumentaria lo utilizan para botas, cinturones o bolsos.
De todas formas, no es un recurso que se pueda utilizar en exceso porque recarga mucho el ambiente y su precio está un poco por encima de la media debido al elaborado proceso que requiere su aplicación y el hecho de que (al menos en la técnica clásica) se utilice una sola pieza de tela sin costuras.
Pero tal como pasa con el vitraux y el falso vitraux, existen técnicas reformuladas para simplificar el proceso y achicar costos, que tienen buenos resultados y son bastante más accesibles. Esto ayuda a que una exclusividad de la decoración “high-end” se filtre a cualquier clase de hogar y nos otorgue más variantes para dar rienda suelta a la imaginación.



